Tenía que hacerlo. Su Muerte de un viajante me ha obligado a hacerme un blog y a gritar mi odio a los cuatro vientos. Me ha dejado abierto en canal, y mis entrañas me miran a la cara (me asquean mis propias entrañas, Miller, muchas gracias). Y encima, en plena catarsis, me doy cuenta de que le tengo envidia (sí, envidia, qué pasa).
Es que no lloraba así desde El viejo y el mar. Joder. Te odio Miller.