A mí me encanta, qué le voy a hacer. Sé que los Coen se han forrado con otras, pero Sangre Fácil me pareció perfecta hace diez años y me sigue fascinando ahora.
Un deleite que aúna intriga, acción de pasos cortos y humor muy-muy negro: un encargo “poco legal” pero bien remunerado (mmm… cómo me hace pensar en la profesión letrada, que defiende al primero que paga). Encargo que -cómo no- se va al traste por la codicia del (más) malo. Al final, la bella McDormand se queda sola; ni marido, ni amante, ni nada, hala: todos al hoyo. Y claro, a la pobre no le quedó otra que casarse con el Joel. Eso que se llevó (el muy cabrón).